martes, 28 de mayo de 2013

28 de mayo, Día del Ceremonial.


Palabras del Embajador Edgar E. Pérez Colman, en referencia a la creación del Día del Ceremonial.

"El día 28 de mayo de 1810, las Autoridades de la Primera Junta de Gobierno, con la firma de su Secretario el Dr. Mariano Moreno, dieron el primer paso estructural sobre normas y formas a las que se ajustaría el ceremonial oficial, emitiendo el documento que llamaron "Instrucción"; y se abrió así, el sendero hacia la sedimentación de la identidad nacional como una "nueva y gloriosa nación”, al decir de nuestro Himno. 

En reconocimiento por ese inicio y frente al desarrollo alcanzado con proyección internacional, en el estudio, depuración, actualización y perfeccionamiento de esas formas y normas, el Gobierno Nacional, a instancias del Embajador D. Jorge G. Blanco Villalta, estableció, con fecha 22 de julio del año 1993, por decreto Nº 1574, que el día 28 de mayo se celebraría en adelante, el día del Ceremonial en Argentina.

En conmemoración de esa fecha, el "Instituto Argentino de Ceremonial" homenajeó a su creador, recordándolo ese día, antes de iniciar el curso habitual.
 
El  Embajador Blanco Villalta se ha constituido en el valioso sintetizador de aquel inicio de "Identidad Nacional", ya que con su capacidad de historiador y el reconocimiento de ser considerado como Maestro de maestros en esta disciplina, no solo supo compendiar esa ética del comportamiento mediante el estudio y análisis del accionar del hombre desde la noche de los tiempos -cuando comienza a descubrir las primeras formas de convivencia- sino que nos legó además de éste Instituto de formación académica, su obra, cuyo libro sin duda es reconocido universalmente como el mejor tratado sobre la materia.       

Con su legado ha desbrozado el sendero el cual están recorriendo hoy como sostenedores de aquella identidad nacional iniciada en 1810, todos los cursantes de este Instituto que desde 1984 con una convocatoria extraordinaria, dice de la tendencia generacional del tercer milenio hacia una proyección sostenida de las formas y normas que dan relieve a nuestra identidad, como una "unidad en la diversidad", diferenciándola de perfiles nacionales híbridos o virtuales que están dando paso a la "era de la discontinuidad" o "unidad en la uniformidad"."
DECRETO 1574/93

Día Nacional del Ceremonial

"Nro. 1574 - Buenos Aires, 23 de julio de 1993, VISTO: Lo acordado por los miembros de las Primeras Jornadas Nacionales de Ceremonial en la Función Pública, que tuvieron lugar en la ciudad de Buenos Aires, del 20 al 22 de abril del corriente año, organizadas por la Dirección General de Ceremonial de la Presidencia de la Nación y el Instituto Nacional de la Administración Pública, y

CONSIDERANDO: Que los miembros de las referidas Jornadas aprobaron por unanimidad la declaración del 28 de mayo como Día Nacional del Ceremonial; Que la elección del aludido día obedeció al hecho de que el 28 de mayo de 1810 se emitió el primer reglamento protocolar que se ha dictado en el país. Se trata de la "Instrucción para el Despacho y Ceremonial" o "Reglamento para el Ejercicio de la Autoridad de la Junta Provisional Gubernativa del Río de la Plata"; Que la mencionada declaración tiene por objeto poner de relieve la trascendencia e importancia del Ceremonial como elemento imprescindible de la organización de todas las manifestaciones oficiales de las administraciones públicas, marcando, al propio tiempo, el punto de partida para una nueva concepción y conformación del Ceremonial Público Argentino, no sólo como disciplina de organización sino, además, como vehículo incuestionable e inmejorable de elevación y fortalecimiento de la imagen cultural de la Nación;

Que la presente medida se dicta en ejercicio de las atribuciones conferidas por el artículo 86, inciso 1, de la Constitución Nacional. Por ello, EL PRESIDENTE DE LA NACIÓN ARGENTINA, DECRETA: Artículo 1ro. - Declárase el día 28 de mayo de cada año como "DÍA NACIONAL DEL CEREMONIAL"; Artículo 2do.- De forma. CARLOS SAÚL MENEM, Presidente de la Nación; Gustavo Osvaldo Beliz, Ministro del Interior."

jueves, 9 de mayo de 2013

Marca y símbolos de una monarquía, una mirada argentina



Quizás parezca a destiempo haber escrito estas observaciones, pero precisamente porque son observaciones, las mismas han sido producto de revisar una y otra vez las imágenes de las ceremonias principales de Abdicación e Investidura del Reino de los Países Bajos, realizadas el 30 de abril pasado.

No es un secreto que ni bien se conoció en 2012, la intención de la entonces Reina Beatrix de abdicar en favor de su hijo, se inició la planificación para una jornada que ha marcado un punto de inflexión institucional importante.

La monarquía holandesa, que comenzaba a trazar una nueva dirección respecto de su propia imagen: tras 123 años, la investidura real pasaría a un hombre convirtiéndolo en el monarca más joven del siglo XXI. Emite un primer mensaje simbólico, respecto a la misma lozanía de la institución monárquica.

Así pues en la fecha mencionada, en la Sala de Moisés del Palacio Real de Ámsterdam, tuvo lugar el acto de abdicación con la presencia de testigos y un grupo de invitados de la Familia Real holandesa.

Si bien se trató de un sencillo, aunque solemne acto, cada una de sus secuencias fueron cuidadas al detalle. Una mesa protocolar vestida de color burdeos, montada a la francesa, con tres simples centros florales por todo adorno y un atril de mesa desde el que se leyó el acta de abdicación y la etiqueta observada por los asistentes, transmitieron un nuevo mensaje: austeridad en tiempos de crisis global. 




El balcón del Palacio Real

Difícil es ver que los miembros de una monarquía manifiesten públicamente sus sentimientos o expresiones de amor y cariño, salvo que los mismos tengan como destinatarios a los niños. Más allá de esto, la Princesa Beatrix se permitió mostrar a los ciudadanos la emoción al anunciar su abdicación y presentar al nuevo Rey Guillermo Alejandro, quien luego de un breve mensaje abrazó y besó a su madre. ¿Sería posible trasladar esta escena a la monarquía británica?


Resulta interesante aquí hacer una mención a la comunicación corporal del nuevo monarca, como la emisión de mensajes simbólicos apoyados en la postura de sus manos.

Ciertamente, las manos representan lo más íntimo del ser humano, la asombrosa fusión del cuerpo y del espíritu. Las manos poseen elocuencia propia ya en unión con la palabra como en el silencio, pues su lenguaje expresa una idea, un sentimiento o una intención.


La postura de las manos del rey es la denominada por Birdwhistell, como de “ojiva”, este ademán es propio de personas que ostentan un alto cargo, que se tienen confianza y manifiestan una actitud de seguridad. Es de destacar que la disposición de las manos de esta manera responde, como se dijera anteriormente, a un estado interno del espíritu el cual es comunicado a la mente. Acaso ¿una nueva señal del cambio de imagen?



El balcón del Palacio Real continúa siendo el escenario en la primavera holandesa, su decoración así lo demuestra con gran variedad de flores blancas, amarillas y anaranjadas y –entre ellas- infaltablemente las frutas que representan a la Casa de Orange-Nassau, las naranjas. Estupendo marco para presentar en sociedad a la nueva heredera al trono, la Princesa Catharina-Amalia quien deberá ser tratada como Su Alteza Real.

Obviamente, no es casualidad que la Princesa esté ubicada delante de su padre, el Rey: el beso que recibe la niña simboliza la herencia recibida. Una observación interesante para agregar en este punto; la Princesa Beatrix ha sido madre de varones, el Rey Guillermo Alejandro es padre de tres niñas…


La ceremonia de Investidura

Es lógico pensar que a posteriori de un acto de abdicación se realice una ceremonia de coronación.  Sin embargo, no ha sido este el caso debido a que tal ceremonia implica el ascenso al trono “por la gracia de Dios” y el Rey Guillermo Alejandro, lo hizo “por la gracia del pueblo holandés” de acuerdo a la Constitución de los Países Bajos convirtiéndose, de esta manera, en un acto laico.

La Ceremonia de Investidura del poder real, se realizó en el mismo escenario en el que los Reyes de Holanda celebraron su boda, la Iglesia Nueva, lugar de culto desde el siglo XV hasta el año 1979 luego de la última reforma de la iglesia holandesa.

Se podría decir que el orden y la puntualidad “han reinado” en todo momento, dos elementos más que necesarios para la ubicación de los más de 2.000 invitados, que debían estar en sus lugares para el momento en el que los Reyes ingresaran en el recinto.

A pesar de los símbolos de una nueva imagen de monarquía que se han relatado precedentemente, en la Ceremonia de Investidura se ha conservado gran parte de la antigua tradición.

El cortejo real, encabezado por los nuevos monarcas, recorrió el camino tapizado de color azul que les llevaría a la Iglesia Nueva. Así, si bien el Rey Guillermo Alejandro vistió frac con condecoraciones, llevó sobre sus hombros el manto real confeccionado en terciopelo de color burdeos bordado en oro y forrado de armiño, una réplica del que usara el Rey Guillermo I en el año 1815.


Usualmente, una reina consorte apoya su mano sobre la del rey, en este caso la Reina Consorte Máxima, vestida de color azul Francia, caminó a la izquierda de su esposo tomada de su mano. Sin lugar a dudas, un símbolo muy fuerte que exteriorizaba unión, apoyo y respaldo.



Si el color anaranjado, presente en la decoración floral de la Ceremonia de Abdicación, representaba a la Casa de Orange-Nassau, el azul (azur uno de los cinco colores heráldicos) de la Reina no era otro que el de la bandera, color que simboliza el espíritu de la verdad, la fidelidad y la lealtad.

Volviendo a la Iglesia Nueva, antes de la entrada del cortejo real, habían ingresado ubicándose en la primera fila la Princesa Heredera junto a sus hermanas (que llevaban sendos vestidos del mismo azul que el de la Reina consorte) y la Princesa Beatrix, ésta ataviada con un traje azul matizado con negro. Siendo el negro la ausencia de luz, el cual en este caso representaba la autoridad.

Dos detalles para enfatizar: el primero, que todos los actores de las ceremonias que aquí se han puntualizado, habían ensayado todas y cada una de las secuencias de los actos de la jornada histórica; el segundo punto: se habían colocado escabeles para sus pequeños pies frente a los sitiales de las dos princesas Alexandra y Ariadna, para brindarles confort durante la ceremonia.


Ubicados ya los Reyes en los tronos, a su izquierda se han alineado sobre una mesa los símbolos del poder real: la corona, representando la soberanía del Reino de los Países Bajos, el cetro como alegoría del poder y la dignidad del Rey, el orbe que encarna el territorio del Imperio, la espada del Rey como garantía del Estado, el estandarte nacional y un ejemplar de la Constitución.

Aunque la Iglesia Nueva ha dejado de ser un lugar consagrado, el nuevo Rey ha proclamado su juramento invocando a Dios con palabras y gestos: elevando los dedos índice y mayor de la mano derecha. El índice, alude al compromiso y llamado a Dios, en tanto que el dedo mayor o medio -que representa al corazón- simboliza el compromiso hacia su pueblo.



Asimismo, en la fórmula pronunciada comienza diciendo: “Juro al pueblo del Reino que mantendré…” palabras que –en idioma francés- están contenidas en el escudo de los Países Bajos.

Para finalizar, luego de recibir de pie el juramento o compromiso de los miembros del Parlamento, toda la asamblea exclamó las tres hurras en honor al nuevo monarca.

La marcha del cortejo real se inicia, esta vez, saliendo en primer lugar los nuevos Reyes de los Países Bajos presentándose frente a la ciudadanía que los aguardaba en la plaza, seguidos por la Familia Real y los testigos de la Ceremonia de Investidura del poder real.

Se han analizado dos ceremonias, en las que se han conjugado y ensamblado con arte, los símbolos de la nueva imagen de la monarquía holandesa sin desdeñar aquellos que han querido conservarse hasta el presente.

Como nota final a estas reflexiones se considera pertinente la siguiente cita:

“Es bueno que haya sencillez, sobriedad y gravedad en la celebración. Pero no lo es que las manos queden como atrofiadas e inexpresivas. No hace falta llegar al éxtasis y a la teatralidad. Gestos bien hechos, reposados, en sintonía con la riqueza interior Gestos no vacíos, o simplemente porque están mandados, sino llenos, auténticos.” (José Aldazabal, “Gestos y Símbolos (I)”, Dossiers CPL 24, Barcelona 1986)

por Edith Pardo San Martín

viernes, 26 de abril de 2013

Cuando los ademanes te delatan



Todos sabemos que tanto los ademanes como los gestos, canalizan -a veces de manera inconciente- nuestras emociones y por qué no nuestros más íntimos pensamientos.

Para muchos la comunicación no verbal es inconsciente, vale decir, que prestamos mayor atención al lenguaje hablado más que al lenguaje silencioso que transmite nuestro cuerpo.

Existen personas interesadas en cambiar determinados movimientos corporales que son desfavorables, desde el punto de vista de la comunicación interpersonal, por otros que favorezcan una imagen asertiva. Sin embargo también hay personas que, a pesar de que su comunicación en conjunto genere rechazo público, considera positivo potenciar lo desagradable creando, así, un personaje al mejor estilo teatral.

Si conocemos nuestros gestos, ademanes y posturas que nos favorecen, podemos llevarlos al plano conciente, de manera de utilizarlos convenientemente. Pero no nos engañemos, los cambios no son mágicos sino que llevan muchas horas de entrenamiento y estudio puesto que la comunicación no verbal siempre responde a una estructura más compleja que el raciocinio: nuestras emociones.

Todos los elementos que las personas llevan en sus manos, como por ejemplo bolígrafos o gafas, son auxiliares reveladores que delatan los gestos y ademanes prohibidos.


Un ejemplo de lo mencionado, es la acción básica de llevar el dedo, la lapicera, o cualquier otro elemento a la boca, lo que indica una clara -y, a veces, desesperada- búsqueda de seguridad. Desmond Morris dice que esto es el reflejo de buscar el seno materno y  se produce cuando estamos nerviosos o inseguros frente a un interlocutor o a un auditorio. Por lo general, dura varios segundos, y responde claramente a un estado emocional.

Toda persona agresiva transmite un lenguaje corporal negativo y hay personas que a primera vista nos parecen irritantes, principalmente aquellas que señalan o apuntan con el dedo que siempre es el dedo índice.


Este gesto tiene un significado altamente agresivo, es culpar, señalar, obligar de forma subliminal a otra persona y además, es humillante pues quien lo utiliza lo refuerza con una mirada intimidante hacia su interlocutor, como si le dijera: "¡es tu culpa!” o “¡te estoy hablando!”. 

La reacción de la persona señalada con el dedo será de defenderse del atacante pensando "¿quién te crees para decirme a mi lo que debo hacer?",obviamente su postura corporal cambiará y se cerrará a la conversación, se centrará exclusivamente en la persona agresiva y no en su mensaje verbal.

Quienes han creado este "personaje", suelen creer que están -en todo sentido- por encima de la persona a la que señalan, esgrimiendo sin muestras de vergüenza su autoridad o poder.

Rara combinación en un equipo de trabajo: un inseguro inconciente y un agresivo concientemente potenciado.

por Edith Pardo San Martín
(Se permite la reproducción de este artículo con mención de la autora)