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martes, 9 de febrero de 2016

Un chador para Praxíteles


No es mucho lo que se conoce de la vida de Praxíteles, de la cual quizás el dato más sobresaliente es que prefirió el mármol en lugar del bronce para realizar las más excelsas esculturas del siglo IV a.C. de la antigua Grecia.

Sin embargo, siguió la escuela de sus mayores, plasmando una belleza juvenil y romántica en sus figuras preferidas: Eros, Afrodita, Hermes y aún los sátiros, brindándole a sus creaciones –mediante una leve sonrisa- una particular expresión en sus rostros. Algunos expertos han afirmado que Praxíteles “humanizó” sus esculturas logrando una transmisión de sentimientos, perceptible no sólo en la delicadeza del modelado de la anatomía, sino también en la plasticidad de los cuerpos que descansan, siempre, en un punto de apoyo.

Su obra “Afrodita de Cnido” ha sido su primer desnudo femenino, en el que representó a la diosa tomando como modelo a Friné, (quien se supone que era su compañera) y se conoce a través de la copia romana como “Venus de Cnido”, ya que el original no pudo ser conservado luego de un incendio acaecido en la época del Imperio Bizantino.

Dioses griegos llevados a la mitología romana, dioses con formas humanas y lo que es peor completamente despojados de túnicas o velos, dejando ver “sin pudor” senos y pubis.

Parece ser que estas magníficas esculturas que nuestra cultura occidental ha heredado de su cuna greco-romana, y que se exhiben en los Museos Capitolinos de Roma, se han convertido en “el mármol del escándalo” durante la visita oficial del presidente iraní a Italia, ocurrida durante la última semana de enero.

Como escribiera el catedrático Mario Vargas Llosa[1]: “Para no incomodar a su huésped, el presidente de Irán, Hasan Rohani, de visita oficial en Roma, el gobierno italiano mandó enfundar las estatuas griegas y romanas de los Museos Capitolinos -entre ellas, una célebre copia de Praxíteles- en púdicos cubos de madera. Y, añadiendo a la estupidez un poco de ridículo, la jefa de protocolo hizo desplazar los atriles y los sillones donde iban a conversar el primer ministro Matteo Renzi y su invitado, a fin de que éste no tuviera que topar nunca su mirada con los abultados testículos del caballo que monta Marco Aurelio en la única estatua ecuestre de la sala Esedra de aquel palacio museístico.”

Sin ánimo de pedantería ni de ser autorreferencial, traeré al presente el artículo de mi autoría “Negociación, protocolo y cultura”[2] el que, habiendo sido copiado varias veces, y divulgado como propio por otras personas, considero oportuno utilizar para este caso.

Allí expreso que: “El desarrollo de una sociedad y su cultura está definido entre otros por: los aspectos geográficos, la historia de las instituciones políticas, el desarrollo económico y la estructura social. Pero también se pueden observar cinco condicionantes primarios: la raza, la lengua, la familia, la religión y la patria.”

Y me pregunto: “¿Existe un protocolo del cual pueda entenderse como global o también como cultural? O será esto una redundancia teniendo en cuenta la naturaleza misma del protocolo. ¿Debería el negociador mimetizarse con la otra parte para no ser percibido como una amenaza sino como un aliado? ¿Debería acaso disfrazarse de lo que no es? O ¿debería ser él mismo?”

Existe una única respuesta: respeto por los códigos culturales. “En tanto y en cuanto demostremos abiertamente respeto por otra cultura, otros usos y otras costumbres, sabido es que se nos respetará de igual manera.” O al menos, se debería, de no mediar fundamentalismos hipócritas.

Así, no estoy de acuerdo de ninguna manera en realizar una verdadera claudicación cultural en nombre de 17.000 millones de petroeurosen contratos y negocios.

Es de destacar que el ministro de Cultura, Dario Franceschini, deslindó responsabilidades per sé y en nombre del premier Matteo Renzi. Cabe preguntar entonces ¿quién le indicó a la jefa de protocolo que ocultara las estatuas? Aquí se aplica una frase que aprendí en mis primeros años de estudio de Protocolo y Ceremonial: “siempre existe una bandeja de plata para colocar la cabeza del jefe de ceremonial”.

Quienes transitamos esta profesión, conocemos la importancia que tiene un equipo de avanzada, las negociaciones previas a una visita oficial de estado, y aquellos aspectos en los cuales, un país anfitrión, jamás cedería. Precisamente, una de las críticas recibidas por las autoridades italianas ha sido: "privilegiaron el interés económico por encima del legado cultural".

En el siglo XVIII el diplomático francés y secretario de gabinete de Luis XIV, François de Callières, recomendaba en su libro "Negociando con príncipes" a embajadores y ministros que negociaban en el extranjero "que debían adaptarse a los usos y costumbres del país donde se encontraren, sin mostrar repugnancia ni desprecio por sus habitantes, tal como suelen hacer algunos negociadores que elogian sin cesar la forma de vivir de sus propios países para así criticar en mayor grado a los otros."[3]

Diferentes presidentes iraníes han intentado hacer prevalecer sus costumbres por encima de las de sus anfitriones pero, no siempre han tenido éxito. Recuerdo que en octubre del año 2002, el entonces presidente iraní Mohamed Jatami, exigió respeto a los códigos islámicos durante su visita oficial a España.

En ese entonces, la Cancillería española y la opinión pública consideraron excesivas demandas tales como no estrechar la mano de la reina Sofía, ni de la ministra de Asuntos Exteriores (Ana de Palacio), ni de ninguna mujer sin importar que tuviera un alto rango.

La solución protocolar brindada por España fue simple y concreta: se canceló la cena de gala que ofrecerían los reyes, así como el almuerzo con José María Aznar y, con respecto a la etiqueta, las señoras presentes no cubrieron sus cabezas con un velo.

Fue el mismo presidente iraní que originó iguales conflictos protocolarios en Francia durante el gobierno del presidente Jacques Chirac, donde se limitó a saludar con una inclinación a la esposa del presidente francés y hubo cancelaciones de banquetes. En aquel momento, un vocero iraní se atrevió a expresar que "las comidas y ceremonias deben ser adecuadas a nuestras creencias religiosas".

Aun con este antecedente, a Hasan Rohani esta vez no le fue bien en Francia. El presidente François Hollande, se negó a modificar el menú de la comida que se ofrecería en el Palais de l'Élysée cuando se le exigió que se retirara el vino. No hubo vino pero tampoco agasajo.

Con acierto dice la escritora y periodista Hinde Pomeraniec[4]: “Se entiende que si alguien visita un país, se impone respetar y adecuarse a las normas pero no al revés: alterar los hábitos en casa propia por imposición de una visita, al extremo de lo sucedido en Italia, no sólo parece una desmesura sino que se asemeja a una concesión demasiado parecida a la humillación.”

En conclusión, la línea de acción asumida por el gobierno italiano, y como en realidad debería haberse procedido, puede ser resumida apelando a la sabiduría popular y al refranero que tanto se ha dejado de lado en algunas comarcas hispanoparlantes:

  • “Poderoso caballero, don dinero” 
  • “Adonde fueres, haz lo que vieres”

Por Edith Pardo San Martín




[3] Artículo “Negociación, protocolo y cultura” op.cit.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La imagen personal: un activo que cuidar

Los ejecutivos de una empresa son su cara visible. Lo que ellos transmiten, dice mucho de la organización. Cuidar la imagen personal es una cuestión prioritaria en el ámbito corporativo.

Cuando un empresario crea una empresa, se ocupa de dotarla de una imagen por la que sea reconocida y que le permita perdurar en el tiempo. También elige a las personas adecuadas para desempeñar las diferentes tareas necesarias para el funcionamiento de la organización, y se ocupa de que sean los mejores para llevar a buen puerto su nave. Pero, ¿cuántos se ocupan de preparar y formar a sus colaboradores, en transmitir una buena imagen personal?

"Cuando se oye o se habla de imagen, casi siempre la mente se va hacia hombres y mujeres espectaculares, con medidas perfectas, cuerpos esbeltos y con un gran atractivo. Pero no es esto lo que debe tener en cuenta una empresa. Por lo contrario, definitivamente hay mucha mente vacía en cuerpos hermosos. En realidad, cuando hablamos de imagen personal, nos referimos a la pulcritud y el cuidado en la vestimenta, y también a otros rasgos como las posturas y movimientos al sentarse, al caminar, al saludar, el tono de la voz, la mirada, la risa, la sonrisa y la cortesía, entre otras cosas", explica la socióloga Sandra Goldstein.


Estamos de acuerdo, entonces, en que es importante cuidar la imagen personal en el entorno de un ámbito corporativo, siendo -en definitiva- lo primero que los demás ven de nosotros. Cuando una persona se presenta ante otras, antes de pronunciar una palabra, ya está transmitiendo datos e ideas, aun sin quererlo. Aunque no sea consciente de esto, proyecta toda su personalidad a través de la imagen que ofrece al exterior. "Suele decirse que el período más crítico, cuando se produce el primer encuentro con una persona, son los primeros cinco minutos. Las impresiones que se forman durante ese lapso persistirán y se reforzarán, en función del comportamiento posterior del individuo. Si la primera impresión es positiva, hay mucho terreno ganado; en cambio, si ocurre lo contrario, se tarda el doble para intentar cambiar la opinión de nuestro interlocutor", comenta Edith Pardo San Martín, consultora en Imagen y Protocolo.


La mirada de los otros. La primera cuestión de la que hablan los especialistas, a la hora de pensar en la imagen personal y corporativa, refiere a los modales y la actitud de los ejecutivos. Sus gestos, la forma de relacionarse en un primer contacto con el otro, la cortesía, los comportamientos y actitudes, la precedencia, y el adecuarse a las costumbres del interlocutor, son algunas de las premisas básicas en lo que a cuestiones actitudinales se refiere. Pero su aplicación debe ser efectuada en la medida justa. "¿Cómo actuar? Frente a cualquier situación es primordial tener en cuenta un comportamiento sobrio, sencillo, conservando la dignidad, el buen gusto, la seguridad y la eficiencia, aunando todo esto en una armonía auténtica", explica Pardo San Martín.


Yendo a las cuestiones diarias y pragmáticas, y hablando entonces de la vestimenta que debe usarse en el ámbito empresarial, la consultora dice: "En verdad, no es necesaria demasiada planificación. Lo ideal es echar mano a la vestimenta corporativa clásica, aunque ésta variará según la actividad profesional o el mercado en el que está inserta la organización. Cuanto más tradicional sea la profesión -abogados, escribanos, contadores-, más formales serán las prendas; cuanto más jóvenes y relajados, como los creativos publicitarios, más informal será el vestir".


En el caso de las mujeres, los expertos recomiendan elegir -con esmero y especial dedicación- la etiqueta más apropiada para diversas ocasiones o reuniones en las cuales sea una ejecutiva invitada o desempeñe un rol especialmente relevante. La idea es causar una buena impresión, pero nunca por el exceso, ni por una pollera demasiado corta, y mucho menos por la estridencia de los colores. No en un ámbito empresarial. "Sin embargo, es importante -antes de tomar cualquier decisión- mirarse al espejo con detenimiento. Ese espejo debe reflejar no sólo el aspecto físico, que en ocasiones se suele idealizar o subestimar, sino también la fuerza y el talento que nos permiten enfrentar las situaciones diarias laborales", comenta Goldstein.


A simple vista, parece que las únicas que tienen dudas acerca de su imagen pública son las mujeres. Pero esta impresión resulta errónea. "Muchos hombres, por diversas razones, frecuentemente se plantean preguntas similares; por ejemplo, si corresponde usar una corbata, o qué calzado es el más conveniente", dice Pardo San Martín. Y explica algunas cuestiones básicas para los ejecutivos hombres: "Si para asistir a un almuerzo de negocios, el invitado eligiera un traje, puede combinarlo con una camisa rayada y una corbata con un estampado alegre. ¿Los colores? Elegir un ambo de color azul oscuro liso, o con lo que los españoles denominan 'raya diplomática'. Los colores oscuros en los trajes transmiten autoridad y seguridad en sí mismo. En los últimos años, la moda masculina se ha visto invadida por la desagradable costumbre de llevar la chaqueta desprendida. Nada es más ingrato a la vista, que un señor caminando con su chaqueta a modo de capa al viento. Señores, si los sacos tienen botones, ¿no será que hay que llevarlos prendidos?".


Lo que se dice cuando se habla. Definitivamente, el conocimiento de los aspectos fundamentales de las técnicas de la oratoria es algo que no debería faltar en todo ejecutivo gerencial, y está íntimamente relacionado con la imagen que éste da. Esta práctica enseña a tomar conciencia de que el manejo apropiado de las cualidades de la voz puede ser considerado uno de los instrumentos más poderosos y permite el logro de una comunicación oral fluida y creíble.


La voz se puede educar, para trasformarla en más suave, pausada y agradable, logrando que los modos de expresar una idea causen una impresión positiva y, de esta forma, generen un buen impacto en el otro. "La manera de afrontar discursos o charlas formales en el ámbito empresarial es algo muy desatendido en nuestra educación profesional, lo que no sucede en otros países", dice Pardo San Martín. Y agrega: "Para un buen diálogo, es necesario disponer de un vocabulario amplio, que permita dejar claros los mensajes que se quieren transmitir".


Tal como describen los diversos libros de oratoria (entre ellos, Oratoria para un nuevo liderazgo, de Inés Mariscal), para generar una imagen positiva en el interlocutor empresarial, "es fundamental eliminar los adjetivos y juicios de valor subjetivos. Hay que concentrarse en datos duros y comprobables, y seguir un hilo conductor sobre la idea a transmitir. No, al uso de muletillas".


El lenguaje corporal

La distancia entre los cuerpos es de gran importancia a la hora de entablar un contacto corporativo. En el entorno laboral, se considera necesaria una distancia del otro de 125 centímetros, aproximadamente; menos de eso generaría una situación de intimidad incómoda para el interlocutor.


Es un buen dato tener en cuenta el significado que se le ha encontrado a lo que se llama "hablar con las manos". Palmas hacia arriba y abiertas, indican sinceridad, honestidad.


Palmas hacia abajo, abiertas, significan una posición dominante y en ocasiones, poca honestidad (cuando se quiere mentir). Si cerramos la mano y apuntamos con un dedo, suele indicar una posición dominante y algo agresiva. En cuanto a los apretones de manos: cuando las manos están verticales, significa igualdad. Si nuestra mano está por encima, significa dominio, control, y si está debajo, sumisión, recato. Y si se hace con fuerza, significa seguridad.

Autora: Mariana Rolandi
Fuente: Revista PyMES Plus, febrero 2010  
Sección: Marketing, Estrategia corporativa