martes, 19 de mayo de 2015

Expresión, lo que va de ayer a hoy

Marco Fabio Quintiliano o, simplemente Quintiliano, además de ejercer su profesión de abogado, dedicó gran parte de su vida a la enseñanza de la retórica y ha sido el primer profesor que abrió una escuela pública, pagada por el fisco, para la enseñanza de la Oratoria (diferente a la escuela Retórica).

La principal recomendación que hacía a sus discípulos, entre los que se encontraba Plinio el Joven, era la siguiente: "hablar con una voz expresiva, sana, amable, clara, limpia, penetrante y que dure en los oídos".


Ferviente admirador de Cicerón y de su pedagogía, Quintiliano consideraba que un buen orador no es sólo quien puede convencer mediante la palabra. Él estimaba que, en primera instancia, un buen orador, es una persona útil para el estado, gracias a que su formación le ha convertido en un individuo cargado de valores morales, un estudioso de la Filosofía, entre otras ciencias y disciplinas.

¡Qué diferente concepción a la que prima en la actualidad!


Por Edith Pardo San Martín

lunes, 4 de mayo de 2015

Mensajes NV


Veamos la siguiente situación: en una reunión de trabajo, una persona está exponiendo sus ideas a un equipo de ejecutivos. A medida que avanza en su explicación, nota que sus interlocutores han girado no sólo su cabeza sino también el torso, acomodándose en la silla para verle mejor.

  

A los pocos minutos, observa que además han cruzado una pierna apuntándole con su calzado y se da cuenta que ha podido presentar sus propuestas sin interrupciones.

¿Qué ha sucedido? Quienes le escuchaban han demostrado, con la postura adoptada, cierta seducción tanto por el tema en sí como por el lenguaje empleado, la melodía de la voz y los gestos y ademanes que acompañaban el discurso.

En conclusión, prestemos más atención a los “mensajes silenciosos” que emite nuestro cuerpo sin que nos demos cuenta, ellos delatan nuestros pensamientos y sentimientos.
Por Edith Pardo San Martín
 

martes, 28 de abril de 2015

Tips para diseñar un perfil digital




  • Googlearse: ¿qué se dice del candidato en la web? ¿Tiene un perfil que refleje fehacientemente quién es como profesional y sus objetivos de carrera?

  • LinkedIn: perfil actualizado con detalle de qué trabajos realizó el candidato,   objetivos de carrera, recomendaciones y habilidades avaladas.
  • Perfil digital y CV visual: hay herramientas que reúnen los activos digitales o habilidades con los que la persona cuenta y otras quedan contenido visual muy atractivo a la información laboral del candidato.
  • Fotos: recodar que el contexto de una imagen sólo lo conocen quienes estuvieron involucrados con la imagen, evitar fotos controversiales o de mal gusto.
  • Tópicos: evitar en lo posible temas polémicos y nunca tocar temas laborales o referentes a jefes o compañeros de trabajo.
  • Lenguaje y redacción: cuidadosos, adecuados, sobre todo en lo que tiene  que ver con ortografía y gramática.
  • Contenido de interés: referente al área donde se busca trabajo, hobbies u otros intereses.

Fuente: www.informaticalegal.com.ar



lunes, 16 de marzo de 2015

La correcta colocación de banderas, un tema recurrente



En los últimos tiempos he leído una gran cantidad de artículos de mayor o menor longitud o profundidad, en los que se habla de Imagen política o la Imagen de un político.



Que sus gestos, que su forma de hablar o de “bramar”[1], que su forma de vestir o de posar para una fotografía, en fin se analizan y se opina de muchos aspectos de los políticos de estos tiempos.



Ciertamente, el nuevo mundo de quien se dedica o desea intervenir en política, está constituido por un enjambre de asesores y entonces, aquí me pregunto ¿para qué tantos asesores? Y el lector, a su vez, se preguntará por qué me pregunto esto.



La respuesta es sencilla: la Imagen de un político no se refiere únicamente a su persona, sino que es incidente en todo aquello que le rodea, como por ejemplo los actos en los que participa.



El caso, en esta oportunidad, se refiere a la Convención de la Unión Cívica Radical, llevada a cabo el 14 de marzo, en el teatro Español de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, tal como lo muestran las imágenes a continuación.


Y por qué afirmo “…en todos los actos que participa” porque de la Convención mencionada, surgiría el futuro candidato presidencial. Vale decir: aquel político que se presentará en la elecciones del mes de octubre de 2015 como candidato a ser el Presidente de la Nación Argentina.

Como futuro Presidente, un político y su entorno de asesores, no pueden ni deben dejar librados al azar lo que para algunos pueden ser “detalles menores”.



Señoras y señores: la Bandera Nacional no es un detalle menor, es nuestro máximo símbolo de identidad nacional y como tal debe ser colocada en el lugar de mayor honor y ser tratada con respeto.
 

En la imagen precedente, además de una puesta en escena que, más allá de querer ser discreta o de “bajo perfil”, demuestra descuido y desinterés, se pueden ver dos banderas a la derecha protocolar (que corresponde a la izquierda del espectador), la Bandera Nacional y la bandera de la Unión Cívica Radical, y que en la pantalla se observan con mayor detalle: están mal ubicadas. 

  1. La Bandera Nacional, jamás cede la derecha. 
  2. La Bandera Nacional, siempre se coloca junto a otras que representan a diferentes países. 
  3. Jamás se mezcla con enseñas o distintivos políticos, corporativos, etc.
  4. El símbolo de la UCR, debería haberse colocado a la izquierda de la Nacional o bien, en el otro extremo del escenario, obviamente, a la izquierda.

Como afirma el Dr. Miguel Ángel Mirabella: “Los símbolos siempre significan porque están en lugar de algo para ser su equivalente y por eso se distinguen de lo simbolizado, tengan o no relaciones intelectuales o afectivas con él. Porque sólo se distinguen, los símbolos no se separan de lo simbolizado, ni en lo intelectual ni en lo afectivo. Por esta razón, el lenguaje simbólico es críptico y cerrado, dice más de lo que expone y expone menos de lo que dice. Si es sensible se lo mira para ver la profundidad que oculta y si es intelectual se lo describe para evitar encerrarlo en la definición.”

  
Si cuando una persona se siente enferma, concurre al médico o bien cuando se enfrenta a un litigio, acude a un abogado, cuando se desconocen temas de Protocolo y Ceremonial o Etiqueta, se debe solicitar asesoramiento a los profesionales especialistas en estos temas, pero no a cualquiera, sino a aquellos con ética y probada trayectoria. 





[1] Bramar: Dicho de una persona: Manifestar con voces articuladas o inarticuladas y con extraordinaria violencia la ira de que está poseída.” DRAE.




Por Edith Pardo San Martín

jueves, 8 de enero de 2015

Selfies

Selfies
El pasado 22 de abril de 2014, la NASA, el organismo norteamericano que se encarga del estudio y la exploración del espacio, invitó a todos los habitantes de la tierra a sacarse una autofoto: fueron seleccionadas 36,422 selfies para completar el collage de la imagen de la tierra. La manera de conseguir las fotografías no fue menos megalómana: se hizo por medio del hashtag #GlobalSelfie, el cual fue secundado por personas de más de cien países en redes sociales. La masiva participación conseguida por la NASA supuso, en realidad, la continuidad de un fenómeno cada vez más extendido y que incluso ha merecido ser reconocido por el prestigioso Oxford Diccionary como la palabra del año en 2013: “selfie”. Desde luego, selfie todavía no está en el DRAE, pero de continuar esto, no sería sorprendente que apareciese.
El fenómeno de los selfies ha sobrepasado el ámbito de lo anecdótico y parece estar destinado a no quedar encorsetado en la denominación “moda pasajera”.

Escribo sobre este tema pues a mí, en lo personal, me molesta aparecer en fotografías, sean tomadas por un tercero o bien como autofotos. No obstante, soy permeable a lo que ocurre a mi alrededor y estudio constantemente los “trending topics” sociales.
Confieso que la gota que colmó el vaso (en este caso, el mío) ha sido un artículo llamado “una Teología de las selfies”, aparecido en diciembre del pasado año y publicado por la agencia de noticias católicas “Zenit”. Allí se plantea analógicamente si el hombre no es una selfie de Dios.

¿A qué se debe esta masificación del compartir imágenes sobre uno mismo que tan solo en 2013 supuso 1 millón de publicaciones diarias de este tipo? Evidentemente esto es posible gracias a la dinámica de la inmediatez que asegura una satisfacción casi instantánea, y a la masificación tecnológica que la hace posible,  a la cual somos estimulados por una sociedad cada vez más digitalizada.

El fenómeno se trata, por tanto, de algo de carácter técnico pero también psicológico: son las propias personas las que se sienten involucradas y, aunque parezca una redundancia, protagonistas también de sus propias fotos, incluso al sacarlas.
Esta dimensión protagónica está aderezada por el hecho de que las fotos también son un testimonio capturado en pixeles por el que las personas dicen con imágenes: “yo estuve ahí”, “yo soy así”, “alguien estuvo conmigo”. Y tal vez con un poco de suerte se convierten en contenidos virales, es decir, masivos, consiguiendo así también un poco de fama efímera.

Acerca del Yo, nosotros, ustedes.

El gran metafísico muerto en el siglo XX y creador de la filosofía “in-sistencial”, P. Ismael Quiles S.J, decía que existe un punto focal de la persona que es aquel que nos hace ser nosotros mismos y no otro, en el cual no existimos, sino “in-sistimos”, y que es donde nos encontramos total y radicalmente solos. Solos de soledad completa.

Otros filósofos, en cambio, han escrito lo suficiente acerca del hombre como ser social. No puede darse una plena humanidad sin el otro. En definitiva el hombre es un animal social.
Estas dos posiciones no son, en lo que a mí respecta, antagónicas, sino complementarias. Sin embargo, considero que ambas dan cuenta de una cierta tensión inevitable en la cual estamos embarcados todos los hombres, desde que el mundo es mundo.

Esta tensión proviene de ser necesariamente uno mismo, pero ser significativo para el otro.
Este importante concepto de pronto se vuelve cada vez más abarcativo: ya no es el clásico saludo de buenos días el que está diciendo en realidad, “aquí estoy, soy un ser humano, te reconozco como alguien de mi misma especie, tenme en cuenta” sino que a esto tan básico le podemos sumar sofisticaciones tales como “imagen” “marca personal” “estilo” y un sinfín de fenómenos que vemos repetidos y comentados día a día., y que marcan el yo, el nosotros, y el “ustedes” o “vosotros”. (Aclaro que aprendí de Arturo Pérez-Reverte que usted no es más que una contracción de “vuesa merced”).
Volviendo al tema: les propongo que hagan el mismo ejercicio que yo he realizado con bastante dificultad, y pasen a definir en tres líneas:  ¿qué es una it girl? Me resultó bastante útil.

El fenómeno selfie no ha quedado exento de tintes patológicos como cuando en mayo de 2014 un joven ve caer, tras el sprint final del “Giro de Italia”, al ciclista alemán Marcel Kittel: se le acerca y en lugar de ayudarlo se toma una foto con él para luego compartirla en las redes sociales. Actitudes análogas se repiten en muchas partes y con muchas personas. Y eso es también lo que está en el fondo del breve corto “Aspirational”, de la actriz Kirsten Dunst.
Dunst se burla finamente de la cultura del selfie y pone el dedo en la llaga: la deshumanización de las personas al tiempo de Instagram. En «Aspirational» vemos a Kirsten esperando fuera de su casa. Pasan dos chicas que la reconocen, se le acercan con smartphones en la mano y, sin más, comienzan a sacarse fotos con ella. Terminada la sesión fotográfica, las jóvenes se van sin apenas cruzar palabras. “No quieren preguntarme nada”, les dice Dunst, mientras una de las chicas pregunta a la otra: ¿cuántos seguidores crees que voy a sumar con esta foto?.

Pueden verlo acá: http://goo.gl/yf987A

Desde luego “Aspirational” es una caricaturización pero que tiene su fundamento real: cómo no recordar a aquel niño español que por el mismo año se emocionó hasta las lágrimas ante el hecho de poder tomarse una foto con el futbolista argentino Lionel Messi. “¿Qué te ha dicho Messi?”, le preguntó al niño un periodista tras haber obtenido la foto. “Nada”, fue la respuesta. Él quería la foto con Messi no las palabras del futbolista.

A decir verdad, los selfies no son algo absolutamente nuevo. ¿Quién no recuerda el mito de Narciso quien por vicisitudes de la vida termina enamorándose de su propia imagen, lo que supone también su muerte ahogado mientras contempla su belleza en la rivera del río? No parece exagerado encontrar alguna lección moralizante de aquel “selfie mitológico” que, aplicado a las circunstancias actuales, invita a abrir los ojos no sólo a esa sobre exposición vanidosa sino también a esa falta de autenticidad que va de la mano de la manipulación de imágenes para aparentar ser quienes no somos.

Por falta de espacio, y porque no es el propósito de este post, quedarían por revisar los fenómenos conexos a la fotografía como el photoshop y otros,  que hunden sus raíces tanto en el propio ego como en la necesidad de vender-se, comercialmente hablando, a un público adicto a vivir en un planeta donde la fantasía corporal se completa con siliconas, y la obesidad, cada vez más común en un mundo de hambrientos, se soluciona con lipoaspiraciones.

Me daría por muy satisfecho si estas líneas le han proporcionado, querido lector, una ocasión para reflexionar sobre los conceptos del yo, nosotros y ustedes, desde la óptica de un smartphone.

martes, 11 de noviembre de 2014

¿Un gesto de cortesía o coqueteo político?



Más allá del episodio, rescato de la nota -publicada en el diario La Nación- la siguiente frase: "...si algo protege la censura del gigante asiático, es la imagen y la vida personal de sus líderes". Así lo demuestra el comentario de los asesores hacia la Primera Dama, quienes actúan inmediatamente salvando su falta de previsión.

Proteger la imagen propia y del entorno tanto como la vida personal y, más aun, la vida íntima, debería ser prioritario en toda persona que se vincule a la política en cualquier punto del mundo.

La sociedad internacional ha sido y es protagonista de importantes avances tecnológicos, sin embargo y penosamente, también lo es de la regresión moral instalada globalmente.

Confiemos en que no todo está perdido. Siempre he pensado que la historia de la humanidad es pendular y estoy convencida que luego de este período de decadencia, llegarán aires nuevos en rescate de los valores perdidos.


Por Edith Pardo San Martín

lunes, 22 de septiembre de 2014

Una conversación entre colegas



 No es fácil encontrar un tiempo para reunirnos con un colega y conversar con calma. Pero a veces llega y hace dos días fue posible. Los dos llevamos años trabajando en el Protocolo y hemos realizado también algunas actividades docentes con nuestra disciplina.

Mi colega y yo pudimos charlar despacio y así cambiamos mutuamente nuestras propias impresiones sobre el Protocolo en Argentina. No fueron endechas sino deseos de superar pronto una especie de desánimo colectivo. Es un desánimo enraizado en quienes han estudiado o se están especializando actualmente en Protocolo.

Nuestro país atraviesa unos momentos difíciles. No olvido que hace años, cuando daba cursos en la Facultadde Derecho, me detenía a explicar la correlación existente entre la forma de gobierno de un Estado y el Protocolo. Así era más fácil observar al vivo los ejemplos de la antigüedad en  Egipto y en Roma. Las inquietudes surgían y se concretaban en  deseos de continuar estudiando y conocer más.

Aquí, en Argentina, como he comentado en otra ocasión, los estudios de Protocolo no poseen rango universitario. Existen las llamadas carreras terciarias y también las tecnicaturas universitarias. Sin embargo, no se han dado pasos hacia eventuales licenciaturas que podrían llevar también a doctorados.

Los que egresan de aquellas carreras después de dos, tres o cuatro años de estudios, por lo general no acceden a puestos en Protocolo. A nivel oficial se desconocen las oposiciones para ocupar esos sitios. Desgraciadamente y lo admito con pena, los departamentos u oficinas de Protocolo y Ceremonial  están a cargo de personas sin  la capacitación necesaria. En todo caso y con atenuantes, la práctica o la repetición de actos, les lleva a ser empleados administrativos con horarios y remuneración.

En  la amable conversación de días pasados, mi colega y yo observamos la situación de nuestro país. La actual  no anima a volar alto y,  así quienes estamos en Protocolo nos damos de frente con la mediocridad. Inmersos y algo impotentes, nos esforzaremos y lucharemos.

Hoy, sábado 20 de setiembre,la Jefa del Estado hizo un viaje privado para almorzar con el Papa Francisco en Roma. Los antecedentes son cercanos y el Santo Padre, conociendo que ella viajaría a los Estados Unidos, la invitó a pasar por el Vaticano.

La Presidenta viajó con una comitiva de treinta y tres personas en el avión presidencial. La invitación papal era a la persona dela Jefa del Estado y no era una visita oficial, que posee un protocolo propio.

Resulta inexplicable el por qué de la numerosa comitiva. Se han olvidado o se desconocen las normas internacionales  acerca de las visitas de jefes de Estado. Sabemos que cuando se trata de una visita oficial, es el Estado invitante quien se hace cargo de todos los gastos. La diferencia entre el tipo de visitas no es sutil.

No todos los lectores coincidirán con mis apreciaciones y menos todavía  si comento la vestimenta dela Jefa de Estado. Totalmente de negro, eligió un sombrero al estilo de la duquesa de Cambridge. ¿No habrá una persona capaz de asesorarla? Había sido invitada a un almuerzo y por aquello de  que las damas se presentan con la cabeza cubierta frente al Papa, la elección de una mantilla sutil hubiese sido el complemento ideal.

Por otra parte y con tristeza lo admito, quienes debieran ser rectores en temas de Protocolo, no solamente lo olvidan sino que  llegan a decir que los tiempos han cambiado y que todo es diferente.No se trata de vivir de glorias  pasadas pero acuden en lontanza los ejemplos  maravillosos de nuestro Protocolo de Estado. Ahora, en cambio, parece como se deseara caramelear los temas. Quienes queremos  el Protocolo, estamos preparados para todo –ad utrumque paratus- porque tenemos esperanza y esperanza de la buena. No somos ocelados ni merodistas, pero nos hemos hecho de escalera abajo y también en lo alto. Nos duele la mediocridad y así vislumbramos tiempos mejores.

Por Esp. Univ. Abog. Roberto Sebastián Cava

 

viernes, 8 de agosto de 2014

El valor de la palabra



¿Alguna vez te has puesto a pensar acerca de la importancia de nuestras palabras y lo que ellas generan?



Todos hablamos casi todo el tiempo, algunos de nosotros lo hacemos pues de ello vivimos y otras personas, porque no pueden permanecer en silencio. Estas últimas son las que están más expuestas a los conflictos, precisamente, por no saber callar oportunamente.



Se dice que un diccionario contiene, aproximadamente, 1.000.000 de términos y que, de estos, una persona muy culta utiliza alrededor de 300.000; en tanto que un universitario, 100.000 palabras y que un adolescente promedio, sólo 15.000.



Algunos estudios realizados indican que las mujeres pronunciamos alrededor de unas veinte mil (20.000) palabras por día y que en los hombres, la emisión se reduce a siete mil (7.000) vocablos. 


Las mujeres hablamos tres veces más que los hombres y no es que he descubierto la pólvora, no, sino que mi deseo es solamente reflexionar sobre este hecho pues está en la naturaleza femenina.



Una mujer enseña las primeras palabras a sus hijos para educarles, enseñarles a rezar y les orienta para hacer de ellos personas de bien. Una mujer habla con su pareja para afianzar el vínculo o para destruirlo; habla con las personas con las que, por su trabajo o profesión, se interrelaciona. Una mujer, es dueña del “si” y del “no”.



Todos estos estudios e investigaciones, me han puesto a pensar sobre cuántas de estas palabras que utilizamos a diario reflejan nuestras emociones y percepciones reales, de quienes nos rodean y del mundo en sí.



Cuántas veces escuchamos utilizar gran cantidad de palabras “para no decir nada” o para herir o proferir juicios de valor o, simplemente, para molestar y criticar.



¿No será ya tiempo que comencemos a pensar antes de abrir la boca? Hace unos pocos días publiqué en una red, una frase de Gilbert Keith Chesterton que ilustra mi pregunta retórica: “El fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla con algo valioso”.


Después de todo, nunca dejo de asombrarme de la gran cantidad de palabras que decimos, sin importar las diferencias entre hombres y mujeres. 

Lo interesante sería saber ¿de cuántas de ellas somos realmente conscientes? Y ¿cuál es su incidencia en el mundo?

Por Edith Pardo San Martín