martes, 30 de octubre de 2012

De capelinas, pamelas y tocados una cuestión de etiqueta





Si quisiéramos buscar una imagen del mes, sin lugar a dudas, sería la fotografía de la ceremonia de presentación de Cartas Credenciales por la Embajadora Da. Alicia Castro ante la Reina Isabel II.

Inmediatamente la red se inundó de la única imagen que ha sido distribuida para todos los medios, lo que provocó una gran cantidad de opiniones de los experimentados profesionales del protocolo, como las críticas de los que creen ser especialistas en estos temas.

El sentido común y el saber ser, nos indican que antes de emitir comentarios poco elaborados así como carentes de información y hasta de elegancia, es preciso recabar información –si es que no se ha estudiado- y ser prudente antes de hablar. ¿Es correcto referirse a la indumentaria de una persona, en este caso una diplomática, que “estaba vestida como con un uniforme”, haciendo referencia al traje de chaqueta y falda de tono azul elegido para la ocasión?

Pero sin temor a equivocarme, lo que más ha llamado la atención ha sido el sombrero que llevó la Jefe de la Misión Diplomática.

Antes de hacer referencia al mismo, considero prudente recordar que en el caso de las monarquías, estas ceremonias son minuciosamente planificadas, por ejemplo: la puntualidad en el horario, el representante de la Reina que recibirá al Jefe de la Misión Diplomática quien es trasladado en carruaje, a cuántos pasos de distancia debe llegar frente a la Reina, la fórmula de presentación, las formas de saludo así como la entrega de las Cartas Credenciales –que debe hacerse con ambas manos-, la introducción de los funcionarios de la Misión Diplomática y el momento de la despedida, retirándose sin dar la espalda a la Reina.

Ante tanto detalle, el nuevo embajador se prepara para este acto, con el fin de expresar en muy pocos minutos y con las palabras acertadas, aquello que el gobierno al que representa desea transmitir –por su intermedio- al monarca o jefe de estado ante quien se presenta.

En estas ceremonias en el Palacio de Buckingham, la etiqueta en el vestir o “dress-code” especifica que los hombres deben concurrir ataviados con jaquet y chaleco negro,  uniforme de gala o traje tradicional. En el caso de las señoras, deben llevar vestido de día con sombrero o traje tradicional.


Los antecedentes de los sombreros en Argentina

Y aquí hemos llegado al gran tema: el sombrero que usó la Embajadora Da. Alicia Castro, el que no era ni una pamela, ni un tocado ni una capelina.

En nuestro país, como dice Susana Saulquin en el libro La moda argentina,”de 1930 a 1949, los sombreros discretos, ladeados, tipo boina, convivían con las grandes capelinas de paja o terciopelo de copa corta y anchas alas que se adornaban con flores de organdí. Ninguna mujer salía a la calle sin su sombrero, ni siquiera la mucama que cumplía su trabajo por horas o las alumnas de los colegios normales. Como los sombreros eran usados en todas las clases sociales, en los barrios era muy común el oficio de sombrerera. No sólo se hacían sino que también se enseñaba su confección a las mujeres de la clase media”, explica.

Sin embargo, en estos últimos años en Argentina los sombreros estilo cloche han vuelto a usarse en invierno y las capelinas han regresado, para protegerse del sol, debido a que los veranos cada vez son más calurosos.

De capelinas, pamelas y tocados

Veamos las diferencias.

La capelina, se caracteriza por su ala un poco más corta por detrás que se utilizan fundamentalmente en verano para protegerse del sol y están confeccionadas en paja y colores pasteles.

La pamela que, toma su nombre de Pamela la protagonista de una novela de Samuel Richardson (1689-1761) quien llevaba un sombrero de ese tipo, son sombreros de ala muy ancha que sólo se usan de día, sobre todo, por la mañana y preferiblemente, con trajes de dos piezas. En cuanto a la estética, aunque puede llevarse con el pelo suelto, por su espectacularidad, se recomienda llevarla con peinados recogidos. La pamela se utiliza en celebraciones diurnas como bodas, comuniones o bautizos u otras en los que la etiqueta exige acudir con la cabeza cubierta como las célebres carreras de Ascot en que las damas inglesas lucen sus más extravagantes modelos.



El sombrero es una prenda de vestir que tiene copa y alas.

Los tocados, a diferencia de las pamelas, se pueden utilizar en bodas de día y de noche, por lo que su tamaño e importancia dependerán del momento: más grandes de día y más pequeños de noche. Los materiales con los que estén confeccionados también marcarán la estación más adecuada para lucirlos. Para el invierno, los fieltros y los terciopelos siempre son correctos y la rafia o la seda son perfectas para la primavera-verano.

Según la sombrerera Blanca del Piñal, el sombrero es una cuestión de proporción. Las señoras de baja estatura se verán mejor con sombreros tipo cloche, de ala pequeña. Las pamelas y sombreros recargados están reservados para damas más corpulentas. No hay que olvidar tampoco el color de los ojos y del cabello, para coordinar tonalidades. 



Habiendo establecido las diferencias y, volviendo a la etiqueta de la Embajadora,  respecto de la vestimenta es conveniente tener presente que la moda en Europa lleva un año adelantada, por lo que esa tonalidad de azul es la que se verá en el invierno 2013 por estas latitudes. El calzado es el adecuado tanto para una funcionaria de su rango como para la ocasión, ¿cómo se vería una Embajadora con zapatos de plataformas y tacones de 10 centímetros?

Con relación al sombrero y, para aclarar las dudas: llevó una pamela de plato con tocado. Para este estilo, como ya mencioné anteriormente, lo ideal es llevar el pelo sujeto, por ejemplo como muestra la fotografía a continuación.



Un detalle importante. Curiosamente, entre todos los comentarios que se hicieron, nadie ha puesto el ojo en que la embajadora no llevó bolso. De haberlo hecho, al llevar la carpeta que contenía sus cartas de presentación, hubiese sido una situación muy compleja cumplir con todos los pasos que el protocolo le indicaba.

Criticar por el simple hecho de decir algo, no construye ni aporta, en cambio si se hace desde la opinión con fundamento siempre dejará algo en qué pensar.





por Edith Pardo San Martín